La preocupación de la pareja: cuando él se apoya en el alcohol para pasar cada día

- Desde la perspectiva de la pareja, se relatan las preocupaciones y el agotamiento de una convivencia prolongada - Él depende del alcohol para afrontar el dolor físico y el estrés de la vida - Lo veo consumirse poco a poco, pero no sé cómo intervenir - El artículo presenta con mesura los límites y la impotencia dentro de esta relación

La preocupación de la pareja: cuando él se apoya en el alcohol para pasar cada día

Este es un relato de experiencia que ha sido anonimizado, sometido a cribado de riesgos y revisado lingüísticamente; el texto no conserva la identidad, la ubicación geográfica ni detalles identificables del autor original.

Lo más difícil es no saber cuándo ocurrirá la próxima vez

Llevo muchos años con él. No es una persona de mal genio, pero lo del alcohol es como un hilo invisible que nos ata. No sé cuándo va a beber, cuánto va a beber, ni en qué se va a convertir después de beber. A veces vuelve del trabajo y parece normal, solo que lleva un ligero olor a alcohol. Le pregunto y me dice: "Solo me tomé un par de tragos para despejarme". ¿Qué puedo decir? Es cierto que no está borracho ni arma líos, pero yo no puedo dejar de preocuparme.

Lo más difícil no es el día en que se emborracha, sino que no sabes cuándo ocurrirá la próxima vez. Todos los días estás observando, adivinando. ¿Está cansado hoy? ¿Tendrá ganas de beber otra vez? No te atreves a preguntar demasiado, por miedo a que le parezcas pesada, por miedo a que sienta que no confías en él. Pero en el fondo sabes que esto se ha convertido en un tema intocable entre nosotros.

Dice que bebe para poder "ponerse en marcha"

Una vez, se dignó a hablar conmigo. Dijo que cada día, al volver del trabajo, estaba tan agotado que no tenía fuerzas ni para cambiarse de ropa. Sentado en el sofá, con la cabeza llena de lo ocurrido durante el día, el cuerpo como si estuviera lleno de plomo. Dijo que, si no bebía un poco primero, quizá no tendría ni energía para levantarse e ir a ducharse. Al oírlo, me sentí muy mal. Sé que su trabajo es duro, trabajo físico, y que al final del día le duele todo el cuerpo. Pero no imaginaba que necesitara usar ese método para "ponerse en marcha".

También dijo que, después de beber, esos pequeños dolores y molestias parecían desaparecer. Por ejemplo, tiene una padrastro en el dedo que siempre le molesta, pero cuando bebe se le olvida. También le duele una muela; tiene una caries que nunca se ha arreglado, y cuando le duele, bebe un poco y dice que se le calma temporalmente. Le aconsejé que fuera al dentista, pero dijo que no tenía tiempo y que no quería gastar dinero. Sé que no es cuestión de dinero; es que se ha acostumbrado a usar el alcohol para afrontarlo todo.

Lo miro, pero no sé qué puedo hacer

He probado muchos métodos. He discutido con él, he hablado en serio, incluso le he suplicado. Cada vez promete bien, dice que beberá menos, que tendrá cuidado. Pero a los pocos días, todo vuelve a estar igual. No lo hace a propósito, lo sé. Solo cree que beber es la única manera que tiene de sentirse un poco mejor. Me dijo una frase que nunca olvido: "Sé que así no viviré mucho, pero me da igual". En ese momento, de repente no supe qué responder.

A veces pienso: ¿estaré demasiado nerviosa? ¿Estaré exagerando? Pero cada vez que lo veo despertarse a las cuatro de la madrugada y quedarse sentado al borde de la cama con la mirada perdida, sé que esto no es algo menor. Después de beber se duerme rápido, pero siempre se despierta temprano, y al despertar tiene el corazón acelerado y está muy irritable. Le pregunto qué le pasa y dice que nada, que no puede dormir. Pero yo sé que es el efecto del alcohol.

Dónde está el límite del acompañamiento

Poco a poco he aprendido que no puedo controlarlo todo. No puedo dejar de beber por él, ni tomar decisiones por él. Lo que sí puedo hacer es estar a su lado cuando me necesite. Pero también tengo mis propios límites. Ya no voy a cambiar mi vida por su adicción al alcohol, ni voy a pasar noches enteras sin dormir porque él beba. Necesito cuidarme a mí misma para tener energía para afrontar todo esto.

Una vez bebió de más y volvió a casa muy decaído. Me dijo que se sentía un inútil, que no hacía nada bien. Lo abracé y no dije nada. Sé que en ese momento no necesitaba críticas ni consejos, solo un abrazo. Pero también sé que al día siguiente, al despertar, nada habrá cambiado. Seguirá yendo a trabajar, seguirá bebiendo, seguirá igual.

A veces pienso: ¿cuándo terminará esta vida? Pero también entiendo que no es algo que se resuelva de la noche a la mañana. Él necesita tiempo para enfrentarlo, y yo necesito aprender a mantener la distancia mientras lo acompaño. Ya no espero que "deje de beber por completo"; solo espero que beba un poco menos, que se cuide un poco más. Y si no puede, solo me queda aceptarlo.

La vida es así, no hay respuestas fáciles

Entre nosotros no hay conflictos dramáticos ni giros espectaculares. Es día tras día: él busca su consuelo en el alcohol, y yo busco mi equilibrio a su lado. A veces recuerdo una coplilla que me recitó: "El vino, de Du Kang, fama extendida, disipa mil preocupaciones y penas. Grandes y pequeñas obras, todo por el vino; Dongbin cayó borracho en la Torre Yueyang". Dijo que era una invención de los narradores de cuentos, que así es la vida. Al oírlo, sentí un nudo en el estómago.

La vida es realmente agotadora y cara, y dejar el tabaco y el alcohol es muy doloroso. Sé que él soporta mucho, y también sé que quizá nunca pueda soltar el alcohol. Lo que puedo hacer es, cuando esté sobrio, acompañarlo hablando un rato más y prepararle una buena comida. En cuanto al resto, solo puedo dejarlo en manos del tiempo.

Si tú también estás pasando por algo parecido, quiero decirte que no estás solo. Acompañar a una persona dependiente del alcohol es una larga lucha de tira y afloja. No necesitas ser perfecto, ni cargar con todo tú solo. Encuentra tu propio apoyo, aunque sea hablar con un amigo o buscar información relacionada; todo eso ayuda. Todos estamos en el camino, avanzando paso a paso.

Ver la dependencia de tu pareja, y también ver tu propia impotencia; el acompañamiento necesita límites.

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