
Este es un registro de experiencias que ha sido desidentificado, sometido a evaluación de riesgos y revisado lingüísticamente; el texto no conserva la identidad, la región ni detalles identificables del autor original.
Lo más difícil es no saber cuándo ocurrirá la próxima vez
El entorno laboral de mi pareja me mantiene en vilo todos los días. En la zona donde trabaja, hay muchas personas dependientes del alcohol; cada semana se les ve reunidos alrededor del supermercado. Me preocupa que en su camino de ida y vuelta al trabajo, o cuando está de turno en la tienda, se encuentre con personas emocionalmente inestables. Lo más difícil es no saber cuándo ocurrirá la próxima vez; esta incertidumbre me mantiene en un estado de tensión constante.
Intenté que cambiara de trabajo, pero él dice que el salario es aceptable y que a corto plazo no hay mejores opciones. Discutimos por esto y también hubo silencios. Sé que él también está muy cansado, pero mi preocupación no es infundada. Esas personas dependientes del alcohol a veces empiezan a gritar de repente e incluso llegan a las manos. He escuchado demasiadas historias y sé que el peligro puede llegar en cualquier momento.
El agotamiento viene de las repetidas súplicas y de una comunicación ineficaz
Lo que más me agota no es la espera, sino las repetidas súplicas. Cada vez que vuelve del trabajo, le pregunto si hoy ha pasado algo. Él dice que no, pero no puedo evitar recordarle que tenga cuidado. A veces se impacienta y dice que pienso demasiado. Pero sé que esas personas dependientes del alcohol no van a desaparecer por nuestras oraciones.
Hemos tenido muchas conversaciones. Le pedí que considerara volver a nuestro país, y él dijo que esperáramos un poco más. Le pedí que se cambiara a una zona más segura, y dijo que era difícil encontrar trabajo. Estas repetidas súplicas me dejan agotada. Incluso empiezo a preguntarme si soy demasiado sensible. Pero cada vez que veo esos incidentes en las noticias, vuelvo a sentir que mi preocupación es necesaria.
Dónde está el límite: acompañar no es controlar
En el acompañamiento a largo plazo, poco a poco me he dado cuenta de que no puedo decidir por él. Es un adulto y tiene su propio criterio. Puedo expresar mi preocupación, pero no puedo obligarlo a cambiar. El límite está en que puedo decir cómo me siento, pero la decisión final es suya. Esto es difícil, porque el amor hace que uno quiera controlarlo todo.
Acordamos una línea de base: si aparece una señal de peligro que requiera pedir ayuda de inmediato, debe irse de inmediato. Este acuerdo nos dio un respiro a ambos. Ya no pregunto todos los días, y él ya no se siente vigilado. Acompañar no es atar, sino afrontar juntos. Hemos aprendido a encontrar un equilibrio entre la preocupación y la confianza.
La seguridad es lo primero: aprender a protegerse
En el acompañamiento, también he aprendido a protegerme. Ya no me dejo sumergir en la ansiedad, sino que concentro mi energía en lo que puedo controlar. Por ejemplo, le preparé algunos artículos de emergencia y le recuerdo que lleve siempre consigo sus herramientas de comunicación. También me comunico con él periódicamente para saber cómo está.
Al mismo tiempo, soy consciente de que las mujeres en este tipo de entorno deben ser aún más prudentes. A menudo les digo a mis amigas que, si el entorno laboral no es seguro, no se debe correr riesgos a la ligera. La seguridad siempre es lo primero; no importa lo alto que sea el salario, no se puede jugar con la vida. Todos nos esforzamos, pero también hay que aprender a decir "no".
Comprender es más importante que culpar
Después de todo esto, mi mayor aprendizaje es: comprender es más importante que culpar. Entiendo su perseverancia y también entiendo mi propia preocupación. Ambos hacemos lo que podemos, solo que de maneras distintas. Acompañar no es juzgar, sino apoyar. Aunque a veces no podamos hacer nada, al menos estamos juntos.
Si tú también estás pasando por una situación similar, quiero decirte: tus sentimientos son reales. La preocupación y el agotamiento son normales. Pero recuerda que tú también tienes tus propios límites. Protégete para poder acompañar mejor a los demás. La seguridad es la línea de base, y la comprensión es el puente.
Acompañar requiere límites, la seguridad es la línea de base, y comprender es más importante que culpar.