
Este es un relato de experiencia que ha sido anonimizado, sometido a evaluación de riesgos y revisado lingüísticamente; no se conservan en el texto la identidad del autor original, su ubicación geográfica ni detalles identificables.
Siempre he estado escondiéndome, pero esconderse no es la solución
Tengo un padre dependiente del alcohol, con hábito de beber en exceso. Por eso, siempre lo he evitado. Cuando termino mi trabajo, me voy a dormir. Perdónenme, todavía estoy haciendo el doctorado, y a veces tengo que pasar la noche en casa, que no está lejos de la universidad.
Recuerdo una frase: «No buscamos problemas, pero si los problemas vienen, no les tengamos miedo». Me la dijo un conductor que solía llevarme cuando estaba en la universidad en Tianjin. No imaginé que esa frase terminaría siendo útil de verdad.
Esconderme es mi forma más conocida. Cuando él bebe, me voy a mi habitación; cuando insulta, me quedo callado; cuando tira cosas, finjo no oírlo. Creía que con tal de no tocar ese barril de pólvora, la vida podría seguir tirando. Pero la realidad es que el alcohol convierte a la persona en otra, y de esa otra persona nunca sabes dónde está su límite.
Lo más difícil es no saber cuándo ocurrirá la próxima vez
De madrugada, volvió a beber de más. Empezó a buscar pelea, a insultar, cada vez con más violencia. Intenté convencerlo de que se fuera a su habitación a dormir, pero no me escuchó y se puso aún más alterado. En ese momento supe que esa noche no podría esquivarlo.
Saqué el teléfono y empecé a grabarlo. Al verme grabando, se abalanzó para pegarme. No me defendí, solo mantuve firme el teléfono y grabé todo el proceso. Me golpeó con furia, me pegó con una silla, me tiró una caja de hierro, y no me defendí en ningún momento. Me dije a mí mismo: mantén firme el teléfono, deja la evidencia registrada.
Esa noche me golpeó con mucha violencia. Después llegó la policía, y él se acobardó al instante, se justificó un buen rato sin poder dar una explicación coherente. Le mostré el video a la policía, que de inmediato le dio una amonestación. Sonreí con amargura y levanté la mano en un gesto de desdén. Esa noche no me atreví a seguir durmiendo en casa; quién sabe qué puede hacer una persona dependiente del alcohol cuando está borracha.
Después me enteré de que él mismo se había roto una costilla. Increíble, ¿verdad? Me golpeó decenas de veces con la silla y me tiró la caja de hierro decenas de veces, y al final el que terminó con una fractura fue él. Mi cuerpo es resistente… je. Pero sé que esto no es algo de lo que valga la pena alegrarse.
No devolver el golpe no es debilidad, es una elección más lúcida
Aquí quiero compartir mi experiencia con todos ustedes: cuando te encuentras con una persona dependiente del alcohol o un sinvergüenza, no vayas a provocarlo, pero si él insiste en provocarte, tampoco te escondas. Tienes que grabar un video para defender tus derechos. Si una persona dependiente del alcohol te ataca sin razón, no devuelvas el golpe, recuerda mantener firme el teléfono, aunque te golpeen, mantén la estabilidad.
Si te atacan con extrema violencia, recuerda defenderte. Pero mi forma de actuar fue: no devolver el golpe, solo registrar. Porque en el momento en que devuelves el golpe, la naturaleza del asunto cambia. Pasas de ser una víctima a un participante en una pelea mutua, y cuando llega la policía ya no se puede aclarar nada. Y el video es la evidencia más contundente; no miente.
No les estoy enseñando a aguantar en silencio, sino a entender que en esa situación, la mejor manera de protegerse no es chocar de frente, sino enfrentar la pérdida de control con racionalidad. Cuanto más calmado estés, más a la defensiva queda la otra parte.
Ahora ya no se atreve a montarme escenas de borrachera
En cuanto a cómo está mi padre ahora, pues no está mal, la relación sigue normal. Solo que ya no se atreve a soltarme tonterías ni a montarme escenas de borrachera.
Después de ese incidente, las «reglas» entre nosotros cambiaron. Él sabe que voy a grabar, que no voy a aguantar en silencio, y que la policía se pondrá del lado de quien tenga evidencia. No ha dejado de beber, pero al menos frente a mí, se ha moderado. Esto no es una victoria, solo un equilibrio temporal.
Sé que muchas familias, como la mía, se enfrentan a familiares que beben en exceso y no saben qué hacer. Si aguantas, tú sufres; si te rebelas, temes que el asunto se agrave. Mi experiencia es esta: no aguantes, pero tampoco golpees. Deja que la evidencia hable y que un tercero intervenga; es la forma que menos te daña y la más efectiva.
Si tú también te encuentras en una situación similar, puedes consultar la información relacionada con el apoyo familiar para saber cómo protegerte mientras ayudas a tu familiar a enfrentar el problema. También puedes hacer el test de autoevaluación para ver en qué grado ha llegado el consumo de alcohol de tu familiar.
Ante la violencia de un familiar que bebe en exceso, registrar evidencia es más efectivo que el enfrentamiento directo.