La adicción al alcohol es difícil de superar, y la familia sufre junto con el paciente.

Este artículo, desde una perspectiva de observador y a la vez de implicado, narra cómo el problema del consumo de alcohol pasa de ser un consumo social a convertirse paso a paso en una adicción al alcohol, así como su impacto bidireccional en la salud personal y las relaciones familiares. A través de la descripción de situaciones reales, ayuda al lector a comprender la complejidad y los riesgos del proceso de dejar de beber, y a vislumbrar los posibles siguientes pasos.

La adicción al alcohol es difícil de superar, y la familia sufre junto con el paciente.

Este es un registro de experiencias que ha sido anonimizado, sometido a evaluación de riesgos y revisado lingüísticamente; el texto no conserva la identidad del autor original, su ubicación geográfica ni detalles identificables.

De «un poco no hace daño» a «no puedo sin beber»

Muchas familias al principio no le dan importancia al consumo de alcohol. En los compromisos sociales se brinda, en las reuniones se anima el ambiente, y si se bebe poco, todos piensan que es parte de la socialización. Pero el problema suele esconderse en esa «moderación». He visto un ejemplo: una persona normalmente atenta con los demás y seria en el trabajo, en cuanto bebía cambiaba por completo de carácter, insultaba, hacía llamadas telefónicas diciendo cosas desagradables, y al día siguiente, sobria, se arrepentía profundamente. Su esposa decía: «Él es tan bueno normalmente, pero en cuanto toca el alcohol ya no es él». Este estado es lo que se llama consumo problemático de alcohol: todavía no es adicción, pero ya está causando daño a la familia.

Si se avanza más, se llega a la adicción al alcohol. El paciente necesita beber casi todos los días; lo primero que hace al levantarse por la mañana es buscar alcohol; de lo contrario, le tiemblan las manos, le palpita el corazón y no puede dormir. La familia lo ve con dolor e impotencia; no hay manera de convencerlo, y discutir no sirve de nada. Un familiar dijo: «Antes mi marido era el pilar de la casa; ahora la botella de licor es su vida». Esta situación no se resuelve con un simple «déjalo y ya está».

Lo más difícil es no saber cuándo ocurrirá la próxima vez

Lo más difícil de la adicción al alcohol no reside en la dependencia física, sino en la «dependencia psicológica» o ansia mental. El paciente puede beber una copa por alegría, también por tristeza, e incluso por aburrimiento. Una vez que empieza a beber, no puede parar hasta emborracharse. Lo que más teme la familia no es que se emborrache, sino no saber cuándo será la próxima crisis. Una esposa describió: «Él lo ha dejado varias veces; cada vez decía "esta vez de verdad", pero en cuanto le surgía un problema, volvía a coger la botella. Yo vivo con el corazón en un puño, temiendo que beba de más y le pase algo».

Esta incertidumbre hace que el ambiente familiar se vuelva tenso. Los niños no se atreven a hablar alto, la esposa no se atreve a dar su opinión, por miedo a provocarlo. La adicción al alcohol no es solo la enfermedad de una persona; es como una red que envuelve a toda la familia.

Dejar de beber por cuenta propia conlleva más riesgos de los que se imaginan

La primera reacción de muchos pacientes y familiares es «dejarlo en casa por su cuenta». Pero el riesgo del síndrome de abstinencia del alcohol es muy alto, incluso mayor que el de la abstinencia de drogas. Si se deja de beber de golpe, el cuerpo puede presentar escalofríos y fiebre, temblores en las manos, ansiedad, insomnio; en casos graves puede aparecer delirio o coma, y se necesita ayuda inmediata. Un familiar recordó: «Al tercer día de dejar de beber, de repente le empezó a temblar todo el cuerpo y decía incoherencias; lo llevamos corriendo al hospital, y el médico dijo que si hubiéramos tardado un poco más, su vida habría corrido peligro».

Por eso, dejar de beber no es algo que se logre solo con fuerza de voluntad. En el tratamiento profesional se suele utilizar terapia de sustitución, por ejemplo, algunos sedantes e hipnóticos para controlar los síntomas de abstinencia, pero estos medicamentos también conllevan riesgo de adicción y deben usarse bajo supervisión médica. Si no se maneja adecuadamente, se puede pasar de ser adicto al alcohol a ser adicto a los medicamentos. Muchas familias no lo saben de antemano.

Dejar de beber no es «no volver a beber nunca», sino aprender a controlarse

Muchos pacientes no quieren aceptar el tratamiento profesional porque piensan que «dejar de beber significa no tocar el alcohol en toda la vida», y eso les resulta difícil de aceptar. Un paciente dijo: «No quiero dejar de beber para siempre; solo quiero ser como la gente normal, tomar un poco de vez en cuando para alegrarme, siempre que pueda controlarme». Esta idea es muy común, pero clínicamente, para los pacientes que ya son adictos, el objetivo es reducir gradualmente el consumo de alcohol, e incluso llegar finalmente a no beber ni una gota. Esto no es privar de un placer, sino proteger el cuerpo y la familia.

La psicoterapia, como la terapia cognitivo-conductual, puede ayudar al paciente a cambiar su forma de ver el alcohol y a aprender a afrontar el estrés y las emociones por otras vías. Este proceso requiere tiempo, quizás meses o incluso un año, pero los efectos son duraderos. En el extranjero, los grupos de autoayuda para dejar de beber también son muy comunes; un grupo de personas se apoya mutuamente y comparte experiencias, lo que puede aliviar la sensación de soledad. Sin embargo, este tipo de métodos se desarrollan más lentamente en China y no hay muchos participantes.

Si usted o un familiar está pasando por una situación similar, primero puede mirar estas preguntas de autoevaluación para conocer el grado actual. También puede informarse sobre los métodos de apoyo familiar para saber cuál es el siguiente paso.

La adicción al alcohol es un problema familiar; comprender los riesgos es la única manera de encontrar una salida.

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Cuando bebe, me da miedo; cuando no bebe, también me da miedo.

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