
La autora describe muchas rutinas que parecen normales pero que van desgastando a la persona: esperar a que el otro vuelva a casa, confirmar si ha bebido, calmar a los niños, cancelar planes, volver a creer en una promesa.
El sentimiento más intenso no es la ira, sino un cansancio constante. Le preocupa que, si ella no se hace cargo, la otra persona empeore; pero seguir asumiendo esa carga también va comprimiendo poco a poco su sueño, su trabajo y sus emociones.
Lo que esta experiencia deja como recordatorio a los familiares es: incluir en el plan la propia seguridad, el descanso y la red de apoyo no es abandonar al paciente, sino conservar la fuerza para seguir actuando ante un problema a largo plazo.
Empiece desde el centro de apoyo a familiares
Los familiares también necesitan apoyo; cuidar no significa asumir todas las consecuencias en soledad.