
Esta escritora soportó durante mucho tiempo la presión de cuidar, coordinar y afrontar cargas económicas. Al mismo tiempo que resentía el daño causado por la bebida, también sentía una culpa y un vacío difíciles de expresar al enfrentarse realmente a la pérdida.
Descubrió que pensamientos como "¿qué debería haber hecho antes?" aparecían una y otra vez. Pero al repasar los años de experiencia, muchas decisiones no estaban bajo el control de una sola persona, y no se debería exigir a los familiares que asumieran todas las consecuencias.
Este diario no ofrece una forma correcta de afrontar el duelo, solo recuerda al lector: la ira, el agotamiento, el alivio y la tristeza pueden coexistir. Expresar los sentimientos y buscar apoyo de la familia, los amigos o profesionales no significa que no se valore lo suficiente al fallecido.
En las familias afectadas por problemas de consumo prolongado de alcohol, cuidarse a uno mismo no es un añadido al final de la historia, sino parte de comenzar de nuevo la vida.
Las emociones complejas tras un cuidado prolongado deben ser reconocidas; los familiares no tienen que procesarlas en soledad.