
En esta experiencia, cada persona está haciendo algo: esconder alcohol, persuadir, acompañar a las consultas, manejar conflictos, limpiar los desastres del otro. La familia parece estar esforzándose todo el tiempo, pero no hay un plan común claro.
El autor descubre poco a poco que cuanto más se vigila al otro a tiempo completo, más fácil es que los familiares pierdan su propia vida y que se culpen mutuamente por los diferentes enfoques.
La advertencia de la historia no está en "quién no hizo lo suficiente", sino en que la familia también necesita apoyo y límites. Informar a los profesionales de la situación concreta y aclarar cómo manejar los momentos de peligro suele ser más útil que seguir resistiendo solos.
Poner toda la responsabilidad sobre la familia a menudo hace que todos pierdan su apoyo.