Toda la familia lo "vigila", pero nadie puede descansar.

Un familiar describió la vigilancia por turnos que la familia formó en torno al consumo de alcohol: alguien controla el dinero, alguien se queda despierto por la noche, alguien intenta persuadir, pero cada vez todos se sienten más impotentes.

Toda la familia lo "vigila", pero nadie puede descansar.

En esta experiencia, cada persona está haciendo algo: esconder alcohol, persuadir, acompañar a las consultas, manejar conflictos, limpiar los desastres del otro. La familia parece estar esforzándose todo el tiempo, pero no hay un plan común claro.

El autor descubre poco a poco que cuanto más se vigila al otro a tiempo completo, más fácil es que los familiares pierdan su propia vida y que se culpen mutuamente por los diferentes enfoques.

La advertencia de la historia no está en "quién no hizo lo suficiente", sino en que la familia también necesita apoyo y límites. Informar a los profesionales de la situación concreta y aclarar cómo manejar los momentos de peligro suele ser más útil que seguir resistiendo solos.

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Poner toda la responsabilidad sobre la familia a menudo hace que todos pierdan su apoyo.

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